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lunes, 8 de julio de 2024

Ariel, el gato negro que eligió quedarse

  Un día llegó un gato negro grande a nuestra puerta. 
Le ofrecimos comida y agua, y se quedó dormido al instante, exhausto. 
Era evidente que había sido rechazado en otros lugares y estaba acostumbrado a la indiferencia. 
Le pusimos de nombre Ariel. 
Al día siguiente, por la tarde, se dirigió hacia la salida y comenzó a alejarse lentamente. Lo llamé y se detuvo, volteó hacia mí y me miró fijamente. Le pregunté: "¿A dónde vas?" y, sorprendentemente, se dio la vuelta y regresó. Fue el inicio de una amistad inesperada y profunda. 

Ariel, el gato negro loco y extrovertido, era el alma de la fiesta. Más amiguero que él imposible, juguetón y comelón, era el eslabón que unía a mis otros gatos, extremadamente individualistas. Era un dormilón con formas únicas de acostarse, pero también madrugador, desayunaba a las 5 am y luego jugaba. Le gustaba aplastarnos con sus 7 kilos y medio, no porque fuera gordo, sino porque era fortachón.



 Recuerdo que rescatamos a una pequeña perrita y se hicieron amigos. Sin embargo, un día la perrita empezó a caminar y Ariel, agazapado, saltó y la agarró del cuello, volteándola. Desde ese día, la perrita lo odió y ya no dormían juntos. Ella lo botó de su camita y, finalmente, encontramos un hogar para la pequeña.

Cuando lo traje a mi departamento, la presentación con los otros gatos fue gradual. 
Al principio, estuvieron separados, pero Ariel decidió que era tiempo de conocerlos y, al instante, se ganó su amistad y respeto.

Era un comelón y le gustaban todos los sabores. Comía de todo y, a veces, les quitaba la comida a los otros gatos. Los tenía que tener separados durante las comidas, porque los demás gatos nobles le dejaban comer. Abría la puerta de la habitación donde mi otra gatita comía, empujándola con fuerza, y ella no le dejaba nada.

Pasamos más de 5  maravillosos años. Era un gato increíble, con una carita de modelo, pero llegó el momento de partir.
Mi querido Ariel, quería que te quedaras más tiempo a mi lado, pero estabas sufriendo y odiabas las veterinarias. No quería mentirte sobre tu recuperación, así que te engañé. Te dije que nos íbamos a casa "escuchas mi Ariel ya nos vamos" y empezaste a relajarte. Mi hermana, tu humana favorita, comenzó a acariciarte la cabecita y a hablarte en susurros. Te quedaste dormido, cerrando tus ojitos al sueño eterno, al comenzar el año.  
Adiós mi querido Ariel, te voy a extrañar mucho. BBFFIII
 




domingo, 11 de febrero de 2024