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sábado, 31 de enero de 2026

Pequeño gatito amarillo

Espero que vuelvas.Que todo haya sido un error.
Que no eras tú, pero están pasando los días y tu no vuelves.
Aún me pregunto quién pudo hacerte daño, qué ser tan cruel fue capaz de lastimarte cuando lo único que buscabas era un poco de cariño.
Recién empezaba a darte comidita, un lugar donde descansar.
Pequeño gatito amarillo 🐱💛 Si hubiera sabido que ese sería nuestro último día, te habría abrazado más fuerte y no te habría dejado ir. Confié en que quienes decían ser tus dueños te cuidarían, pero no fue así. Ni siquiera te buscaron. Te dejaron solo, como si tu vida no importara. Pero sí importó. Tu vida valió. Tu presencia dejó huella.
Ningún animal merece terminar así.
Ahora jugarás con Ariel Panquecito. Él te cuidará y te protegerá, y juntos conocerán todo el cielo gatuno. Allá no habrá dolor, solo sol tibio, comidita infinita y juegos sin miedo.
Corre libre, pequeño Caleb Flow.
Aquí te lloramos,
allá te cuidan 🕊️💛
Que nadie te olvide.

Boomer, mi pequeño ladrón de penas

 Mi pequeño cachorro

Lo robé. Sí.
No por maldad, sino por necesidad.
Boomer era un cachorro blanco, lanudo, y lleno de luz.
Pertenecía a unas vecinas —hermanas duras, pobres, heridas
.
No me lo querían dar, ni aunque mi mamá fue a pedirlo.
Pero yo lo necesitaba. Ellas no sabían cuánto.

Un día, sin permiso, me lo llevé.
Boomer pasó a ser mío y yo, suya.

Jugábamos en el patio.
Mi hermano grabó —solo en audio— una pelea entre él y un gato sin nombre.
Se oye mi voz, la de un sobrino también, y el sonido de Boomer defendiendo su pequeño reino.
(En esa época amaba más a los perros. Hoy, los gatos reinan mi casa, pero Boomer fue el primero en mi corazón.)

Mi mamá lo bañaba todos los días.
“Para que siempre esté blanquito”, decía.
Ella no era suave, pero con Boomer lo era un poco más.

Cuando la pasaba mal en el colegio, 
solo pensaba en abrazarlo.
Él no juzgaba.
No preguntaba.
Solo recibía.

Una tarde, regresamos en taxi: mi mamá, mi hermana y yo.
Me había quedado dormida.
Al llegar, miré por la ventana...
Boomer no estaba.

Me dijeron que la empleada había dejado la puerta abierta al lavar la ropa.
Que Boomer se había ido.
Que lo buscaron, que salieron mis hermanos a recorrer las calles,
pero no lo encontraron.

Esa noche lloré.
Y mi mamá, por primera vez en mucho tiempo, lloró conmigo.

Boomer se fue del mundo,
pero nunca se fue de mí.
Él fue mi refugio.
Mi compañero.
Mi secreto.

Es mi vida

 Estoy escuchando "Es mi vida", y algo se enciende dentro de mí.

Esa canción me lleva a los domingos por la mañana, cuando vivíamos en una antigua casona en Centro de Lima.
Una casona antigua, enorme, con alma propia.
Vivíamos en la parte de atrás, donde había un árbol grande, muy viejo, que parecía cuidarnos desde arriba.

Recuerdo una gran mesa.
Todos reunidos.
Yo era pequeña.




La canción sonaba y olía a chocolate caliente, pan con mantequilla derretida y el murmullo de voces familiares.

Eran momentos de paz, de calor.
Momentos donde el tiempo parecía estarse quieto.

Esa canción aún guarda mi memoria intacta.
Y yo la traigo aquí para que no se pierda.
Porque ese árbol, esa mesa, ese chocolate,
aún viven en mí.


lunes, 8 de julio de 2024

Ariel, el gato negro que eligió quedarse

  Un día llegó un gato negro grande a nuestra puerta. 
Le ofrecimos comida y agua, y se quedó dormido al instante, exhausto. 
Era evidente que había sido rechazado en otros lugares y estaba acostumbrado a la indiferencia. 
Le pusimos de nombre Ariel. 
Al día siguiente, por la tarde, se dirigió hacia la salida y comenzó a alejarse lentamente. Lo llamé y se detuvo, volteó hacia mí y me miró fijamente. Le pregunté: "¿A dónde vas?" y, sorprendentemente, se dio la vuelta y regresó. Fue el inicio de una amistad inesperada y profunda. 

Ariel, el gato negro loco y extrovertido, era el alma de la fiesta. Más amiguero que él imposible, juguetón y comelón, era el eslabón que unía a mis otros gatos, extremadamente individualistas. Era un dormilón con formas únicas de acostarse, pero también madrugador, desayunaba a las 5 am y luego jugaba. Le gustaba aplastarnos con sus 7 kilos y medio, no porque fuera gordo, sino porque era fortachón.



 Recuerdo que rescatamos a una pequeña perrita y se hicieron amigos. Sin embargo, un día la perrita empezó a caminar y Ariel, agazapado, saltó y la agarró del cuello, volteándola. Desde ese día, la perrita lo odió y ya no dormían juntos. Ella lo botó de su camita y, finalmente, encontramos un hogar para la pequeña.

Cuando lo traje a mi departamento, la presentación con los otros gatos fue gradual. 
Al principio, estuvieron separados, pero Ariel decidió que era tiempo de conocerlos y, al instante, se ganó su amistad y respeto.

Era un comelón y le gustaban todos los sabores. Comía de todo y, a veces, les quitaba la comida a los otros gatos. Los tenía que tener separados durante las comidas, porque los demás gatos nobles le dejaban comer. Abría la puerta de la habitación donde mi otra gatita comía, empujándola con fuerza, y ella no le dejaba nada.

Pasamos más de 5  maravillosos años. Era un gato increíble, con una carita de modelo, pero llegó el momento de partir.
Mi querido Ariel, quería que te quedaras más tiempo a mi lado, pero estabas sufriendo y odiabas las veterinarias. No quería mentirte sobre tu recuperación, así que te engañé. Te dije que nos íbamos a casa "escuchas mi Ariel ya nos vamos" y empezaste a relajarte. Mi hermana, tu humana favorita, comenzó a acariciarte la cabecita y a hablarte en susurros. Te quedaste dormido, cerrando tus ojitos al sueño eterno, al comenzar el año.  
Adiós mi querido Ariel, te voy a extrañar mucho. BBFFIII
 




domingo, 11 de febrero de 2024

miércoles, 6 de abril de 2022

Trascender



Desde que tengo 10 años, he escuchado hablar sobre el fin del mundo. En el colegio católico nos advertían del apocalipsis, de un juicio final inminente. Luego, al llegar el cambio de siglo, las predicciones se renovaron. En 2012, todas las miradas se posaron en el calendario maya. Hoy, las amenazas de una tercera guerra mundial y teorías apocalípticas vuelven a circular con fuerza. Incluso en la cultura popular —como en Los Simpson— se menciona un desastre nuclear para el 4 de mayo de 2022. Y, para añadir más tensión, la NASA advierte sobre un meteorito que se acerca este mes. ¿Es que acaso quieren volvernos locos con tanto anuncio de desastre?

¿Y qué nos queda frente a tanto miedo e incertidumbre?
Para mí, queda trascender.
Preparar el alma.
Conectar con lo esencial.
Tal vez sea momento de dejar de esperar el fin y empezar a vivir con más conciencia. La naturaleza tiene su ritmo, sus ciclos, su propio lenguaje. En vez de entregarnos al pánico o la desesperanza, tal vez lo más sensato —y también lo más sabio— sea cuidar este planeta, cuidar nuestra mente, y recordarnos lo que realmente importa: el vínculo con la vida, con los demás, con nosotros mismos.




                                                       

domingo, 6 de septiembre de 2020